Historia Sociedad Veteranos de Malvinas

El homenaje a Horacio Haag, ex combatiente de Malvinas en un vuelo a Neuquén

Conocé la historia de Horacio Haag, quien fue sorprendido en pleno viaje por el comandante del avión. "Estos gestos son pequeñas caricias, muy importantes para nosotros".

Emotivo video: el homenaje a un ex combatiente de Malvinas en un vuelo a Neuquén

Aunque no hay manera de compensar tanto dolor, los reconocimientos, tributos y abrazos – por más que sean muchos y se sigan multiplicando- siguen siendo necesarios. Van por los que no se dieron cuando los ex combatientes de Malvinas regresaron a sus hogares con la consigna explícita o tácita de que “de eso no de habla”.

Va también por las miradas prejuiciosas, la indiferencia, la negación y el desconocimiento. Abrigan, reconfortan y sanan, aunque nunca lleguen a ser suficiente ante la pesadilla de ese conflicto bélico que dejó una herida abierta en los argentinos y que aún sigue teniendo consecuencias más allá del cese del fuego. Sin embargo, eso gestos nunca están de más…

Aunque no es la primera vez que es homenajeado, a Horacio Haag lo conmovió el respetuoso saludo que recibió este jueves por parte del comandante del vuelo AR 1654 de Aerolíneas Argentinas en el que volvía a su hogar de Neuquén desde Buenos Aires.

“En este vuelo en especial quisiera agradecer la presencia del señor Horacio Haag, ex combatiente de Malvinas, que tenemos el orgullo de estar transportando a la ciudad de Neuquén”, expresó el piloto y enseguida los aplausos de los pasajeros y del resto de la tripulación se encimaron a su voz.

“Fue muy emocionante. Son esas pequeñas caricias que vamos recibiendo de la gente y es muy importante para nosotros. Lo dijo justo cuando estábamos pasando por Bahía Blanca, fijate qué detalle. Yo en Bahía hice el servicio militar y ahí fue donde me convocaron para ir a Malvinas…”, dijo Horacio al ser consultado sobre la emotiva dedicatoria impulsada -en parte- por Adriana Harguindeguy, la madre de sus hijos y compañera de vida de hace más de 40 años.

“Cuando subimos al avión Adriana se quedó un momento cerca de las azafatas, pero bueno… ella siempre se relaciona con todo el mundo. Siempre saluda a una, a otro y yo seguí y me senté. Dije ‘qué raro’, pero no tenía idea. Cuando me nombraron se me aflojaron un poco las piernas…. En esos momento me emociono. También en los actos, cuando veo una bandera, cuando se canta el himno. Son cosas que uno tiene guardaditas y cuando surgen estas situaciones se te llenan los ojos de lágrimas…”, dijo Horacio, sin poder contener la pausa por un quiebre en la garganta.

“Se vienen a la mente todas estas vivencias que uno fue pasando en Malvinas y de ahora también, cuando nos juntamos con otros ex combatientes y cada uno va contando sus experiencias. Es algo que uno tiene en los archivos de la memoria que se dispara y me sucede eso…”, agregó antes de comparar este tipo de gestos con los abrazos que los excombatientes no tuvieron cuando regresaron de aquel infierno.

“El hombre que estaba sentado al lado mio, del otro lado del pasillo, se acercó y me dijo: ‘Permitame saludarlo y felicitarlo. Muchas gracias por lo que hicieron por nosotros’. A nosotros nos hace muy bien que nos reconozcan. El intendente (de Neuquén, Mariano Gaido) una vez me preguntó qué era lo que más nos hizo falta y yo siempre digo que es el abrazo. Como dice Adriana, Malvinas nos une y el amor también y eso es lo que necesitamos de la sociedad“, añadió movilizando.

Horacio fue reclutado el 3 de abril de 1982 para ir a la guerra de Malvinas luego de comenzar a hacer el servicio militar obligatorio “en el famoso Campito” y a casi tres meses de su boda con Adriana. En ese momento estaba formándose como maestro mayor de obras con la idea de que ese sea el primer paso para su carrera en arquitectura.

“Nos dijeron que íbamos a estar unos días y que después nos iban a reemplazar, pero eso no sucedió. En mayo empezó el combate y no hubo forma de volver al continente. Ahí nos fueron dando distintas designaciones y ubicando en distintos sectores. A mi me tocó ir a la casa del gobernador (Mario Benjamín) Menéndez en Puerto Argentino para hacer vigilancia”, contó.

“Cuando empezaron los combates fue todo muy movilizador porque no sabías en qué momento te tocaba a vos. Escuchabas el bombardeo que venía del mar hacia el continente y no sabías donde iban a caer las bombas. Fue terrible…“, dijo sobre los interminables momentos de terror que vivió en las islas y a los que se fue “acostumbrando” en una suerte de mecanismo de defensa para sobrevivir al horror.

“Donde estaba yo faltaban muchas cosas, como abrigos, pero no tanto en comparación con lo que pasaron los que estaban en el frente que de vez en cuando venían donde estábamos nosotros en estados realmente terribles”, lamentó.

“Hasta el cese del fuego fue terrible porque no sabíamos si íbamos a entrar en combate y llegaba el momento de decir ‘tengo usar las armas, tengo que matar a alguien’. Eso fue muy angustiante. Cuando nos tomaron prisioneros nos llevaron a unos galpones donde permanecimos uno o dos días hasta que volvimos al continente. El trato de los ingleses realmente fue muy respetuoso”, reconoció en coincidencia con los relatos de otros veteranos.

“Yo llegué en el famoso (buque) Norland a Madryn. Me acuerdo que ese día no se conseguía pan. Después viajamos a Campo de Mayo, ahí nos hicieron unos interrogatorios y nos sometieron a un pacto de silencio o a una orden de silencio respecto a la guerra. Ahí fue otro shock que recibimos y así fue como estuve más de diez años sin hablar de Malvinas. A veces teníamos conversaciones con Adriana, pero con el resto de la familia muy poco, lo indispensable, casi nadie preguntaba. Luego fui empezando a hablar con los veteranos. Nos juntamos una vez por mes y entre nosotros fuimos formando nuestra propia historia, enterándonos de muchas cosas, somos como nuestros propios psicólogos”, manifestó.

“Lo que más me moviliza es que nuestros héroes quedaron en Malvinas. Nosotros tenemos que seguir con esta historia, nombrarlos a ellos porque pudimos volver, formar una familia, contar lo que pasó y todo lo que pudimos sobrellevar durante 40 años. Lo estamos haciendo en las escuelas también con los más chicos para que se mantenga en la memoria. Estamos maravillados con la atención, el silencio y el respeto con que nos escuchan, después los aplausos, nos hacen preguntas. Hay todo un respeto y agradecimiento que nos da más fuerza para seguir adelante”, dijo con la voz quebrada.

“Hay muchas cosas de las que hablar como la recuperación de los cuerpos en Malvinas que es todo un tema impresionante. Hay madres que todavía están esperando a sus hijos. Eso es increíble”, expresó entre lágrimas.

Luego de hacer una pausa, Horacio retomó el aliento para repasar una de las historias más conmovedoras que recogió la Fundación No Me Olvides en el proyecto de realización de ADN para identificar a los 123 argentinos sepultados en Malvinas. “Estuvieron en el norte, con la mamá de uno de los caídos. En un momento, estaban reunidos en la mesa con la familia y ven que la mamá se va y los familiares luego contaron que se había ido a ver el colectivo que llegaba de Buenos Aires para ver si bajaba su hijo. Es el día de hoy que siguen sucediendo esas cosas. Mesas en las que se sigue poniendo el plato de un familiar caído en Malvinas”, añadió emocionado.

A fines de marzo de este año,  Horacio subió por segunda vez al Volcán Copahue para homenajear a los héroes de Malvinas a días de que ses cumplan 40 años de la guerra. Lo hizo junto a su hijo y unas 700 personas.

A fines de marzo de este año, Horacio subió por segunda vez al Volcán Copahue para homenajear a los héroes de Malvinas a días de que ses cumplan 40 años de la guerra. Lo hizo junto a su hijo y unas 700 personas.

Fuente: LMN

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