Elecciones Paso Politica

El MPN es el principal motor del actual proceso electoral

Escenario disgregado en septiembre. Prueba fundamental y determinante en octubre; y definición de carrera final en noviembre.
El MPN es el principal motor del actual proceso electoral

Por cómo ha quedado el escenario político electoral tras el cierre de presentación de listas -la novedad más grande ha sido el fuera de juego de la Democracia Cristiana con Jorge Sobisch- se puede anticipar una primera consecuencia: las PASO verán un comportamiento desgranado de los electores, una especie de festival del voto emocional, casi una catarsis; mientras que las generales, el 14 de noviembre, sufrirán un probable proceso de concentración, en el que será posible un voto más racional, más pensado, e incluso de premio antes que de castigo, por lo que no está claro si habrá tres sectores o solamente dos que se queden con las preciadas bancas del Congreso.

No deberá dejarse de lado en el análisis que en octubre habrá elecciones en la capital neuquina. Esos comicios municipales quedaron atrapados entre las dos elecciones nacionales grandes, y sentirán el efecto del proceso que las contiene. Particularmente el MPN: porque, si bien es cierto que, en su proceso de confrontación interna, la elección clave es la del 12 de septiembre, también se puede pronosticar que será el resultado del 10 de octubre a nivel local el que terminará de impulsar o desinflar el desempeño partidario en noviembre.

No es el kirchnerismo el motor de estos comicios en Neuquén. Tampoco su oposición, concentrada en la dispersión entre izquierda y derecha, con Cambia Neuquén como eventual aglutinante del descontento hacia el gobierno nacional. Es el MPN el mecanismo de fuerza que mueve los reales intereses de la política y la economía, mucho más, desde que Vaca Muerta está en escena.

El kirchnerismo está menguado y engañado por sus propias jugadas. La unidad de cúpula que refleja la lista liderada por Tanya Bertoldi es engañosa: le hubiera convenido confrontar en las PASO. Tampoco es cierto que el kirchnerismo sea un cuartel que, desde Buenos Aires, aporte influencias y poder para influir en otros partidos: los recursos nacionales están extenuados, el presupuesto es una bolsa inflada de esperanzas vanas, el Banco Central se afirma sobre un médano inestable, y el desastre económico se adivina a la vuelta de la esquina, o, si se prefiere, al término del proceso electoral de este año.

El MPN no es influenciado por el kirchnerismo. Podría decirse que, fiel a su historia, lo utiliza dentro de su propio plan de asombrosa capacidad regenerativa. Si el MPN fuera un animal, sería, probablemente, una salamandra. Apenas se le corta alguna extremidad, la regenera y lo estrena como nueva al poco tiempo. El MPN, ese peronismo fuera de la estructura partidaria peronista, ha obrado con astucia. ¿Quién es más kirchnerista en los hechos? ¿Omar Gutiérrez o Rolando Figueroa? La despojada racionalidad induce a pensar que ninguno profesa la fe, sino la oportunidad de las circunstancias, avalada por la propia genética emepenista.

Así, el MPN jugará su interna, que encarna en Figueroa por cuestiones del momento, pero que va más allá y más profundo que el propio Figueroa. Ese proceso le dará un formidable empuje, solo si el 12 de septiembre las urnas muestran que el partido provincial logró concentrar la suficiente cantidad de votos para ganar -o estar a tiro del triunfo- las PASO. Si tal es el caso, en ese escenario híper fragmentado que contribuyó a diseñar, el partido provincial caminará tranquilo hacia las elecciones municipales; cumplirá esa instancia fortaleciéndose, y llegará a noviembre pisando fuerte e imponiendo condiciones a quienes hoy se ilusionan en el mero arrastre nacional como principal recurso.

Deberá tomarse en cuenta que la política es algo más que elucubrar, rosquear, y usar dineros públicos o de intereses empresarios para financiar campañas. También, y fundamentalmente, es sintonizar con esa misteriosa onda sin traducción posible que es el humor colectivo, el humor social, el humor del pueblo.

La sociedad argentina está lejos de la euforia. Más bien, está inducida a la melancolía y el pesar angustioso. Cualquier comportamiento artificialmente armado para generar alegría, provoca indignación. Cualquier exageración sobre nuestro destino trágico, se desmerece ante la tranquila y despojada realidad de un pueblo que sufre la pobreza, se atasca en la inflación constante, y no necesita que venga un actor de reparto a atribuir culpas y repartir soluciones mágicas.

La campaña electoral, que ya comienza, oficiará como primera catarsis de este humor. Quien no entienda exactamente el tono, la nota en la que habrá que afinar el instrumento, caerá en desgracia. No le servirán puñitos, ni deditos, ni sonrisas armadas en el laboratorio donde trabajan los ortodoncistas.

Tanto el MPN, el kirchnerismo, como ese afán inconcluso, llamado, ahora, Cambia Neuquén, tendrán que entender, por las buenas o las malas, que, a los procesos de construcción entre bambalinas, al tablero del diseño de las armazones electorales, deberán sumarle una sutil, delicada sintonía.

De otra manera, el resultado puede ser desastroso.

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