Educación Sociedad

Quién era Mónica Jara, la docente que murió por la explosión de la escuela en Aguada San Roque

La maestra Mónica Jara falleció este lunes, tenía el 70% de su cuerpo con quemaduras por el estallido durante su primer día de clases
Quién era Mónica Jara, la docente que murió por la explosión de la escuela

La muerte de Mónica Jara golpeó a la comunidad educativa. La docente falleció este lunes tras 12 días internada en grave estado de salud, con quemaduras en el 70%, por la explosión en Aguada San Roque de la Escuela N° 144, donde daba sus primeros pasos en un aula.

Mónica tenía 34 años, era madre de dos niñas, y el día de la explosión había dado la primera clase presencial de su carrera como maestra de grado. Esa fatídica jornada se paró por primera vez del otro lado del escritorio, bien cerca del pizarrón, y enfrentó los rostros sonrientes de sus alumnos de sexto y séptimo grado. Al mediodía, los despidió amorosamente, sin imaginar que ya no habría una segunda clase.

La docente, que falleció este lunes por la mañana en una clínica de Mendoza, había nacido en la localidad rionegrina de Barda del Medio. Allí pasó su infancia, muy apegada a su hermano y a su mamá.

Además del amor por la docencia, que dejó traslucir después, siempre fue fanática del fútbol, y jugó en dos equipos de esa localidad rionegrina: Dique y La Redonda. El último era el combinado de una cancha de césped sintético en donde hizo rodar la pelota por hobby años después, cuando ya había dejado las competencias.

Sus amigas la recuerdan como una persona muy especial, de carácter alegre y corazón solidario. Pero sobre todo recuerdan su fuerza y empuje que la llevaba siempre adelante, y la hacía acumular sacrificios y resignar horas de sueño en busca de un futuro mejor.

Actualmente estaba viviendo en Contralmirante Cordero, junto a su compañero y sus dos pequeñas hijas. Mientras él cumplía con su trabajo como chofer para llevar un sustento a la casa, Mónica viajaba al Instituto de Formación Docente N°9 de Centenario para cursar sus estudios y convertirse en maestra de escuela.

Días atrás Araceli Enrique, directora del IFD N° 9 contó que por la pandemia, los estudiantes no podían hacer las residencias y prácticas finales para graduarse. Y Mónica, junto a sus compañeros de Residencia II, realizaron una investigación sobre las condiciones del trabajo docente, denunciando muchas de las carencias que atraviesan los educadores en las instituciones educativas, pero sin llegar a sospechar que ella misma se convertiría en una víctima más de la falta de inversión en infraestructura y mantenimiento.

Sus amigas la recuerdan como una persona muy especial, de carácter alegre y corazón solidario.

“Si bien ella completó sus estudios en abril de 2021, la consideramos una graduada de 2020, porque los últimos trabajos se atrasaron a causa de la pandemia”, dijo Araceli. Mónica se graduó en abril y en mayo regresó al IFD para recibir su certificado de título trámite, apurada por habitar las aulas y dar los primeros pasos en su carrera como maestra.

El 18 de junio pasado, la joven maestra accedió a su primera suplencia: le tocaba enseñar a los estudiantes de sexto y séptimo grado de la escuela albergue de Aguada San Roque. En sus primeros días de trabajo, se adaptó a la modalidad virtual, pero estaba ansiosa por comenzar la presencialidad para conocer la escuela por dentro y ponerle un rostro a los nombres que veía conectados en las clases de Zoom.

Cuando uno de los colegas de Mónica dijo que regresaría a la escuela para dictar clases presenciales, la joven se propuso primera para acompañarlo, sin disimular sus ansias por empezar su carrera educativa en un edificio con ladrillos y puertas, en lugar de la pantalla de su computadora. Durmió su primera noche en el albergue, justo antes de su primera clase presencial.

Después de recibir a los pocos niños del ciclo superior que llegaron ese martes a la escuela, Mónica acompañó a dos operarios que debían revisar el estado de los calefactores en un área que estaba en ampliación. Eran las 14.30 y la escuela explotó. El fuego mató a los dos operarios y dejó el 70% del cuerpo de la mujer cubierto de quemaduras. La directora, también presente en el lugar, entró en estado de shock.

Para Araceli, la historia de Mónica es la de muchas de sus jóvenes estudiantes: mamás solteras o en pareja que viven en localidades cercanas y que combinan la maternidad con los viajes al IFD para procurarse un futuro mejor a través de un cargo en la educación pública. Recién graduadas, consiguen suplencias en escuelas neuquinas o rionegrinas, muchas veces en parajes alejados. “Teníamos pensado verla pronto, para darle su diploma”, explicó sobre la joven que, en el apuro de dar clases, había comenzado a ejercer apenas con un certificado de título en trámite.

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