Opinión Sociedad

Trabajadores de la salud: rehenes del pacto entre gobierno y sindicatos

Las razones de un conflicto que se encuentra empantanado debido a la falta de respuesta del gobierno del Neuquén y a cierta desidia sindical hacia sus representados.

Hacia fines de febrero, ATE firmaba con el gobierno provincial un acuerdo salarial que implicaba una actualización del 12 por ciento; en marzo se acordaba una moficiación: el aumento pasaba del 12 al 15 por ciento de incremento sobre el básico y adicionales remunerativos a partir de marzo.

Apenas días más tarde, el gremio docente ATEN ratificaba la propuesta del mismo gobierno neuquino, consistente en un 15 por ciento de aumento al básico y sumas no remunerativas que, finalmente, completaban una suba salarial cercana al 30 por ciento.

La exigua actualización que recibían los estatales merced a aquel pacto suscrito por ATE y UPCN, tras un año con inflación superior al 40 por ciento, y la sustancial diferencia entre un acuerdo y otro, derivó el mes pasado en una virtual rebelión de los empleados estatales vinculados al área de la salud.

Se trata del personal que, en hospitales y centros de salud neuquinos, lleva más de un año enfrentando en primera línea las consecuencias de la pandemia de coronavirus que azota al país y a la provincia, con importantes consecuencias para su salud física y emocional.

Sin embargo, ello no fue tenido en cuenta por la conducción gremial de Carlos Quintriqueo y parece no importar a la gestión de Omar Gutiérrez, siquiera para instrumentar adicionales que compensaran de alguna manera el sacrificio asumido por el sector de trabajadores sanitarios.

Así, sindicatos estatales y gobierno encendieron la mecha de la bomba que terminó explotando en sus propios rostros: los trabajadores de la salud comenzaron a organizarse más allá de los límites sindicales y terminaron materializando su descontento con medidas de fuerza en nosocomios públicos y con cortes de ruta que hoy atraviesan todo el territorio provincial.

De rehenes de un pacto, pasaron a ser protagonistas de la situación política y social de la provincia; y no solo al defender sus propios intereses sino, también, como canal de descompresión de toda una sociedad que viene sufriendo los embates de un año de pandemia, con medidas oficiales que se quedan en la medianía: no terminan de contener los contagios ni de aliviar las necesidades básicas de las mayorías.

«De cada diez personas, ocho no son trabajadores de salud» en los cortes de ruta que se llevan adelante, afirmó este martes la ministra de Gobierno Vanina Merlo. Aunque con seguridad la funcionaria no se tomó el trabajo de contar a las personas presentes en cada piquete, puede que haya algo de verdad en sus números.

Esos «ocho de cada diez», si así fuera, reflejan el masivo respaldo que reciben los trabajadores, médicos, enfermeros y personal no profesional de los centros de salud, que hacen frente a la crisis sanitaria y ahora le ponen el pecho a un reclamo decididamente justo, de satisfacción impostergable.

Ante una comunidad extremadamente sensibilizada, Gutiérrez y el MPN deberían reflexionar sobre ello. Sin un ofrecimiento salarial superador, las protestas solo tenderán a escalar y el gobernador –incluso o sobre todo en un año electoral– se juega el pellejo político en este conflicto.

Por GUSTAVO H. MAYARES

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