Sociedad

Tienen una promesa de trabajo en Chile, cruzaron a pie la frontera en el norte pero los retuvieron en Bariloche

Kelvin, Jesús y Darwin son tres venezolanos que cruzan el continente detrás de una oportunidad. Buscan llegar a Chile para reiniciar sus vidas y ayudar a los familiares que quedaron en Venezuela.

En Bariloche los retuvieron porque en el Paso La Quiaca (Jujuy) los dejaron pasar sin pedirles sus documentos.

La promesa de un futuro mejor envalentonó a tres hombres que, sin más que lo que llevaban puesto, decidieron emprender un viaje de más de 8.900 kilómetros para dejar atrás a Venezuela y reiniciar sus vidas en Coyhaique, en la zona austral de Chile. El plan se asemejaba más a una epopeya, pero eso no les impidió intentarlo y llegar hasta Bariloche, donde los frenaron porque no contaban con la documentación obligatoria para su ingreso al país.

KelvinJesús y Darwin son los tres venezolanos que no esconden su intención de llegar a Esquel, caminar hasta el Paso Trevelin-Futaleufú para cruzar a Chile y emprender los últimos 420 kilómetros hacia el sur para reencontrarse con sus familiares, quienes se asentaron en esa ciudad hace seis meses.

“No pudimos viajar, nosotros tenemos pasaportes pero no está sellado por Migraciones”, comentó Kelvin con la tonada característica de los hombres del Caribe, aquella región que dejaron atrás hace tres meses para caminar hacia su nuevo lugar en el mundo. Pero aquel sello que no se imprimió en su libreta terminó siendo un problema una vez en Bariloche. .

El lunes (5/4), tras abordar un colectivo de media distancia, el chofer notó la falta de documentación, se lo hizo saber a los trabajadores de la CNRT en la terminal de ómnibus y se le dio intervención a la Gendarmería Nacional, quienes los llevaron hasta el Escuadrón 34 para pedirles sus testimonios y agendar una cita con el personal de la Dirección Nacional de Migraciones.

A la espera de aquel turno programado, los tres contaron su historia desde un banco de madera en las afueras de la terminal de ómnibus. Las puertas de la dependencia municipal se cerraron y solo se quedaron con algunas bolsas y alfombras para superar la fría noche patagónica.

Jesús es el más joven de los tres. A diferencia de sus compañeros de viaje, él no dejó a sus hijos ni a su esposa, pero tuvo que saludar por última vez a sus padres con la promesa de enviarles algo de dinero para enfrentar la dura crisis que atraviesa Venezuela desde hace varios años.

La meta es llegar a Chile, para uno poder trabajar porque allá esta parte de mi familia esperándonos para laborar y para poder ayudar a la familia de Venezuela”, explicó acerca de un viaje que les hizo pasar por Colombia, Perú y Bolivia. Algunos tramos a pie y otros en colectivo, cuando conseguían juntar dinero para los pasajes.

“En Mendoza, un hombre tenía una hacienda de ajo y laboramos con él. Nos fue bien e hicimos algo de dinero para comprar el boleto. Desde Malargüe nos fuimos hasta san Rafael y de ahí llegamos aquí”

A pesar de su juventud, a Jesús no le tiembla la voz cuando reconoce que pasarán la noche en la calle porque no tienen dinero para pagar un albergue. Los gendarmes cumplieron con su actuación administrativa y minutos antes de las 19 los devolvieron a la terminal de la que los habían retirado dos horas antes. A pesar de los intentos de algunos trabajadores del lugar por lograr la intervención del municipio, aquellos pedidos no fueron escuchados. “Vamos a quedarnos en la calle, afuera del terminal”, avisó.

La buena noticia para estos tres viajeros es que a primera hora del martes los atenderán en Migraciones, les firmarán sus papeles de tránsito por el país y podrán volver a retomar su viaje. “Nosotros queremos entrar por la parte de Esquel porque cuando uno cruza para Chile, uno busca un trabajo y se autodenuncia. Te dan un permiso para poder andar en el país y un día a la semana te tienes que presentar hasta que te den la oportunidad de darte tu DNI chileno”, vuelve a explicar sobre el plan que habrán repasado tantas veces.

Pero este traspié en Bariloche tiene una explicación que pone de manifiesto las fallas del sistema migratorio argentino: No pudimos sellar porque por donde nosotros pasamos no está trabajando Migraciones. Solo nos paró Gendarmería pero nos dijeron que siguiéramos de paso porque no había solución en ese momento”. Es que los horarios y las disposiciones del trabajo presencial en pandemia no se ajustan a las necesidades de la gente.  

Kelvin, Jesús y Darwin vuelven a tomar sus lugares en la galería semicubierta que les ofrece la terminal. “Tiramos las colchas y nos ponemos a dormir”, dice Jesús aún con una sonrisa porque la misión sigue intacta. Se apuran en mencionar que al caer la noche un hombre les acercó una gaseosa y algo para comer, saludan con el puño, toman un celular y buscan un poco de señal para avisar a quienes están en Coyhaique que falta menos para volver a verse. (fuente: B2000)

Kelvin, Darwin y Jesús esperan en la calle para retomar su viaje a Esquel.

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