Dr Hugo Panessi Salud Sociedad

Beneficios del ejercicio en la enfermedad cardiovascular

Por: Dr Hugo Panessi

La pérdida de fuerza y masa muscular es uno de los factores de riesgo “olvidados” de la enfermedad cardiovascular y puede ser corregido sólo con ejercicio.

El ejercicio físico regular “mejora la salud cardiovascular a través de mecanismos no tradicionales”, como, por ejemplo, la liberación, por los músculos esqueléticos, de sustancias saludables para el corazón (denominadas mioquinas) o la mejoría de la microbiota intestinal (los microorganismos de los intestinos). Por ello, comprender las vías a través de las cuales la actividad física influye en los diferentes sistemas y órganos del cuerpo humano “podría dar lugar a nuevas estrategias terapéuticas para atacar las enfermedades cardiovasculares”. Hay que considerar el ejercicio físico como “una medicina para el tratamiento de las enfermedades cardiovasculares”.

Ponen el acento también en que, “a diferencia de la mayoría de los fármacos, el ejercicio está, en gran parte, libre de efectos adversos, y sus beneficios son, en un cierto grado, dosis dependientes”; es decir: una vez lograda de forma gradual una habituación a él, se pueden aumentar las dosis de actividad física.

Puntos clave
• El ejercicio regular induce adaptaciones antiaterogénicas vasculares, independientemente de los factores de riesgo tradicionales de la enfermedad cardiovascular (ECV). El ejercicio regular disminuye los volúmenes del núcleo necrótico y reduce la carga de placa en general. Otra adaptación estructural al entrenamiento aeróbico es la formación de nuevas arterias coronarias, que aumenta la perfusión miocárdica
• El entrenamiento regular con ejercicio mejora la regulación parasimpática cardíaca, lo que confiere protección contra arritmias malignas, y también proporciona cardioprotección contra la lesión por isquemia-reperfusión.
• Las mioquinas derivadas del músculo son responsables de muchos de los efectos beneficiosos del ejercicio, particularmente al promover un medio antiinflamatorio saludable, por el almacenamiento cardíaco de metabolitos del Óxido Nítrico. Esta cardioprotección puede ser inducida por una sola sesión de ejercicio y puede mantenerse durante meses con ejercicio regular.
• El ejercicio puede mejorar la capacidad de regeneración del miocardio, en parte a través de la estimulación de las células angiogénicas circulantes. Estas adaptaciones funcionales preceden a las adaptaciones estructurales, particularmente en las arterias que se agrandan con el ejercicio.
• La pérdida de fuerza y masa muscular es un sello olvidado, y de hecho, un factor de riesgo para ECV que puede revertirse en gran medida con el entrenamiento de resistencia (fuerza), incluso en personas mayores.
• El ejercicio regular puede promover una microbiota intestinal saludable a la vez que protege la permeabilidad y la función de la barrera intestinal.

Potencial poco conocido de la actividad física

Cabe destacar que estos beneficios se han reportado principalmente con ejercicio de resistencia dinámica (aeróbico) que involucra músculos grandes, como trotar, correr o andar o andar en bicicleta

La prescripción del entrenamiento de resistencia (fuerza) permanece en gran medida ignorada a pesar de su tremendo potencial terapéutico. En pacientes mayores de 60 años que tienen diabetes mellitus, el entrenamiento de resistencia contrarresta las pérdidas de la fuerza del músculo esquelético y / o la masa y la capacidad funcional, y también puede mejorar el control glucémico, al tiempo que el entrenamiento de resistencia también reduce el riesgo de ECV en adultos sanos al disminuir la presión arterial, los niveles de grasa corporal y las concentraciones plasmáticas de triglicéridos. Disminuye también los niveles de grasa visceral.

Conclusiones
Los investigadores lamentan que “el tremendo potencial del ejercicio de resistencia y del entrenamiento de fuerza para revertir tanto la enfermedad como los efectos del envejecimiento sobre la masa muscular y, por lo tanto, mejorar la salud cardiovascular es poco reconocido en la mayoría de los tratamientos clínicos”.

De ahí que plantean una visión integradora de las enfermedades cardiovasculares en el contexto de todo el cuerpo humano. El sistema cardiovascular (corazón, vasos sanguíneos — arterias, venas y capilares— y sangre) no debería ser separado de otros órganos, como los ya citados músculos esqueléticos o la microbiota intestinal, cuando se abordan las enfermedades cardiovasculares. Se deben emplear diversos enfoques: epidemiológicos, fisiológico y molecular.

Con una perspectiva integradora, ya que podría ser de gran ayuda para los profesionales sanitarios que no prescriben ejercicio físico a sus pacientes.

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